sábado, 14 de agosto de 2010

"Las cruces de Quevedo"

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En el Madrid del Siglo de Oro, allá en el XVII, cuando era demasiado habitual oír por las calles la frase de "Agua va", pasear por la ciudad era una tarea casi imposible.

Los orinales de cada casa además de restos y aguas utilizadas para cualquier quehacer del hogar eran arrojadas por las ventanas. Si al hecho le sumamos la costumbre de orinar en las esquinas obtenemos como resultado un olor insalubre que lo inundaba todo.

Para intentar erradicar el problema del tráfico en las esquinas, se colocaron en cada una de ellas unas cruces en las que se podía ver la inscripción "Donde hay una cruz no se orina".

Cuenta la historia que el maestro de las letras Francisco de Quevedo, caracterizado por su sutil sentido del humor, al sentirse apretado por las ganas de orinar, se acercó a una de estas esquinas sin percatarse de la cruz, y al darse cuenta terminó la frase que allí se escribía diciendo:

"... y donde se orina, no se ponen cruces".




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